Fotografía
Junio de 2010
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El vuelo de los guerreros
Enredadera
Los vigilantes
Llamada en espera
Caminar sin movimientos
Reflejo
Cristal
Catedral
Mi padre me decía a mis doce años que para convertime en un "verdadero hombre" tenía que salir a la calle. A esa edad solo sabía que Soda Stereo sonaba en casettes, que para llegar al cielo simplemente había que trasar una linea de tiza en el suelo, y que al presidente le daba por hablar de la economía en pique, carros bombas y condecoraciones justo en el momento más emocionante de la telenovela, cuando buenos y malos se decían las verdades. Lo cierto es que cuando salí a la calle no fue a la vuelta de la esquina o a la tienda de Don Pacho, fue al centro de Medellín. yo miraba a todos lados, asustado, confundido y no me explicaba como en medio de la montañas aquellos edificios competían con su altura e imponencia. Tampoco comprendí de donde salia tanta gente, para dónde iban. Tampoco comprendí por qué algunos se ganaban la vida y otros se la quitaban, tampoco comprendí por qué un maniquí encerrado en una vitrina ve desfilar en esa pasarela a señores de empresa, señoras de bien, niños, mendigos, jubilados, ramilletes de flores marchitas, máscaras, lentejuelas de neón,vestidos de terciopelo o papel, cristales, sol y lluvia. Medellín en ese entonces era para mí un enigma, como lo sigue siendo ahora. Ahora comprendo algunas cosas. En esta ciudad me he enamorado, me he desepcionado, tengo mis amantes, mis amigos imaginarios, mis confidentes, mis cigarros y mi licor, mi sangre que es humo sobre el pavimento, comprendo ahora también que a esta puta ciudad la amo y la odio con fervor y que en ella me hice hombre que también llora como un niño bajo sus puentes o recostado en sus pasillos. A VOS MEDELLÌN.
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